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Es posible que estas palabras lleguen un poco a destiempo, o es posible que no, que Colón y su tripulación perdieran la cuenta unos cuantos días, ya que aquel descubrimiento no fue más que una casualidad, que hubiera algún error tipográfico, o cosas así, ¿a quién no se le acaban las pilas del móvil cuando es realmente útil? y que hoy fuera el tan celebrado día de la hispanidad...
Aunque quizá la cuestión es que uno prefiere hablar cuando no toca, para dar la nota, o llevar la contraria y dejar los gestos de patriotismo para otro día, o para tocar los bombos... y es que la música militar nunca me supo levantar, como decía Brassens. Después de demostrar el patriótico autonomismo valenciano comiendo un buen gazpacho manchego y sestear con un libro de poemas de un poeta catalán, ya tenía experiencia para cumplir con las obligaciones de mi patria grande y mi pasaporte español. En un alarde de obediencia inigualable con los excelsos varones del españolismo de pro, el viernes 12 de octubre de 2007 uno contribuyó a perpetuar esas costumbres tan españolas y de las que estamos tan orgullosos. Por supuesto, como buen español, era el día perfecto para no trabajar y estar en la cama haciendo el vago toda la mañana. La pereza debería pintarse en la estimada bandera nacional. Haciendo un exceso, y en honor a la pereza y a la lluvia incansable que me impidió bajar a honrar la bandera tricolor del ayuntamiento de mi casi ciudad. Bueno, quien dice tricolor dice tribanda, como mi móvil, y bien grande, para que la vean los del pueblo de al lado, y la envidien, como buenos españoles. El tema de la comida es una cuestión indispensable en el decálogo del español 10: pero mira, como era fiesta, llovían perros y gatos y la pereza gobernaba, monárquicamente claro, opté por seguir ensanchando las arcas de la española Telefónica y encargué una de esas pizzas tan españolas con tres ingredientes y uno de regalo. La tarde la dediqué, o la perdí, con ese arte tan español, por lo apreciado, como es el cine. En total fueron dos pelis made in Hollywood, ese pequeño pueblo situado a las afueras de Los Ángeles de San Rafael, de tanto prestigio. La primera hablaba de la vida, de las pasiones y las locuras, la segunda sobre cómo se las gasta la mafia rusa de algún barrio de Londres. Para rematar mi españolismo y mi noche de viernes, antes de dormir tomamos un té con vainilla y ron en una tetaría ¿india? ¿persa? ¿árabe? pero eso sí, a la española.A veces nos tomamos demasiado en serio verdaderas chorradas. Y puedo acabar con el tema de la casualidad, del azar, del soy católico como soy francés, de Montaigne, porque nadie escoge donde nacer, pero lo jodido es que quienes se escudan en las banderas, en aplaudir el paso de los caballos de guerra y de las cabras locas, en los himnos, patrias, plenos extraordinarios y demás banderas conocen perfectamente la teoría de la casualidad y sin embargo se la pasan por la piedra. V.M.S.A.  |